sábado, 1 de octubre de 2016

LA VIDA DESDE LA VIDA.

Sembrar un árbol en el mar… 2 de octubre. Dom. 27 TO. Lc 17, 5-10.
Las exigencias de Jesús a los suyos eran grandes: perdonar no sólo 7 sino setenta veces siete, preocuparse por el hermano para ayudarlo a corregir, no inducir al mal a los pequeños ni seguir los malos ejemplos y… resistir a las tentaciones. Sorprende que, ante eso, los discípulos pidieran a su maestro que les aumentara la fe. Y no fortaleza y sabiduría.
Sin embargo, ellos lo entendieron, si no en ese momento, sí, años después de la muerte de Jesús. La reflexión del evangelio responde a la convicción de los discípulos iluminados por el maestro resucitado: La fe animada por el amor hará posible lo que a primera vista parece imposible o muy difícil, como hacer que un árbol se asiente en medio del mar.
La capacidad de fidelidad en el seguimiento de las enseñanzas del Maestro nos vendrá de crecer cada día en la conciencia de ser servidores de Dios. María, la madre de Jesús, dirá: “Soy la esclava del Señor”. Benedicto XVI, el papa emérito, se presentaba como “humilde trabajador de la viña del Señor”.  Esa es la fuerza del discípulo de Cristo para construir una vida mejor, un país más amable para todos. Ojalá, hoy día de la votación del plebiscito, pidamos al Señor: “¡Auméntanos la fe, Señor Jesús!”.
“Jesús es el Siervo obediente a la voluntad del Padre, hasta la ofrenda  de su propia vida. De modo que, tal como él mismo lo declaró, quien quiere ser su discípulo debe aceptar ser siervo, como Él. Porque seguir a Jesús significa tomar la propia cruz para acompañarlo en su camino, un camino incómodo que no es el del éxito o de la gloria terrena, sino el que conduce a la verdadera libertad, la libertad del egoísmo y del pecado”(Papa Francisco).


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